Problemas de Aprendizaje. Orientación, Divulgación y Formación.

El instinto en la crianza. La lucha contra nuestras propias fronteras.

28.09.2017 11:50

Cuidadín con las modas.

Las hay molonas, como los jerséis con dibujos de gatitos y las hay horrorosas como los zapatos de plataforma blanca (siiiiii, esto es opinión míaaaaaa). ;)

En crianza pasa lo mismo.

Hay modas.

Hace años era raruno, y hasta de locos, hablar de la estimulación infantil. Se consideraba que la hacían cuatros iluminados que querían tener “súper niños” y para lograrlo les hacían pasar por todo tipo de pruebas y actividades anti natura. En cambio, hoy en día no eres un padre concienciado si no lees sobre el tema, le llevas a actividades estimulativas y estás al día en neuroeducación.

Pues ni tanto ni tan calvo.

Me ha tocado explicar más de una vez (y de 15) que los métodos que conozco de estimulación infantil son maravillosos y no ese horror que la gente se cree por lo mal que muchos de ellos han venido siendo usados en centros educativos y de ocio infantil, así como dentro de las propias familias donde tan solo comprando el sistema y sin tener mucha más idea de su origen y objetivos, se ponen a ejecutar a lo loco.

Pero es que ahora es cool. Muy cool. Y las guardes que los usan son mejores, y más caras, y más modernas, y más de todo.

Aplicar programas de estimulación y sus actividades y juegos sin estar al día de neuroeducación, sin conocer el funcionamiento cerebral, el desarrollo y los dichosos periodos sensibles SÍ que es de locos.

Creerse a pies juntillas que los niños menores de 3 años deben estar estimulados sobremanera, con juegos, en ambientes de colchonetas y colorinchis, con cuentos animados a gogó, con música clásica de esa que estimula mogollón, con monitoras sonrientes y con voz aguda, parlanchinas y que cantan muy bien… Es haberse pasado al lado oscuro.

“Vamos a agasajarle con actividades sensio-motores a full para ayudarle a tener una cognición potente” es el nuevo lema. Aunque no se sepa muy bien de donde venga.

Y digo esto porque ese es unos de los extremos de la cero confianza en el desarrollo autónomo del niño.

El otro extremo es aquel en que al peque no se le plantea, no se le dice, no se le pide y nunca se le ayuda.

No se le ofrece, no se le cuenta y no se le toca porque entonces “le estamos influyendo”.

Y yo me quedo muerta.

 

En ambas opciones pasamos de él aunque cueste entenderlo. Y en ambas opciones pasamos también de las investigaciones profundas y maravillosas sobre psicología y biología del desarrollo.

+¿Estimulación? -> Pues claro, entendida como juego adecuado. Hay actividades que molan un montón.

+¿Darle libertad? -> Esencial.

-¿Llenar su día de actividades pro-desarrollo? -> Pues es que sin ellas iba también a desarrollarse así que a ver que elegimos.

-¿No ofrecer tu ayuda, tu experiencia, tu mano al niño? -> No es una planta. Y aún así hay gente que les habla y cambia de lugar por la casa.

Pregunta del millón: ¿A los niños hay que dejarles hacer?

Varias personas me habíais pedido una entrada sobre esta tema y huelga decir que lo aquí vertido es tan sólo fruto de mi opinión y mi manera de entender no solo la crianza, sino también el desarrollo humano.

Me parece fenomenal que os apetezca conocer lo que pienso sobre algo en concreto pero nunca trataré de haceros pensar que lo que yo que digo es lo mejor, lo único o lo más adecuado.

Es tan solo como yo lo haría, basándome en mis estudios y experiencia pero me encanta recibir vuestras “contraofertas” y sinceras opiniones (y ramos de flores. A ver si cuela).

No se me pasa por la cabeza deciros como debéis educar a los hijos.

¡Ni siquiera lo hago cuando me vienen padres a consulta!

Intento dar información, ideas, a veces tan solo recolocar las que vosotros mismos tenéis por ahí dentro dando vueltas pero no lográis ver ente tanta zarza y sobre todo, calmar y haceros ver que todas las madres lo hacéis de cine cuando realmente ponéis las ganas y el corazón.

Eso no quita que piense que en estos últimos años nos estemos yendo a los extremos. Lo cual es gracioso porque veníamos huyendo de ellos.

Padres y madres tremendamente marcados por sus infancias llenas de disciplina, de respeto hacia el adulto mal entendido, de padres ausentes, de madres estrictas o de todo lo contrario: hijos nacidos en familias “hippies” con crianzas casi exclusivas en tribus de fronteras desdibujadas y de límites laxos que añoraron crecer con unos vínculos más claros con sus progenitores

Y huyendo de todo eso nos encontramos ahora con que hemos construido nuestros propios muros.

He aquí mi idea de los dos muros que te puedes encontrar según hacia donde camines:

Tipo 1. Las familias preocupadas por el más y mejor.

Padres y madres que tienen a sus hijos el día entero entretenidos con actividades de todo tipo. Hasta ahora primaban las académicas. Actualmente el último grito son aquellas que les hagan ser mejores personas y más sociables y en esta categoría entran desde manualidades a no perderse un solo cumpleaños o excursión para que se sientan muy queridos, muy rodeados de amigos, muy sociables, muy creativos, muy asertivos y muy de todo.

 

Tipo 2. Las familias preocupadas por el menos es lo más.

Padres que no participan o lo hacen poco en la educación/crianza/juegos de sus hijos, no les estén coartando su creatividad y convirtiéndolos en seres aborregados. Tal es así que ni les miran cuando estos juegan y hasta ponen mala cara si les llaman.

 

A los primeros les preocupa que sus hijos de tres años no sepan compartir y eso les haga tener una vida adulta infeliz sumidos en la soledad y la depresión.

A los segundos les asusta comprar un juguete a su hijo, mostrárselo y que este, al acceder a jugar con él esté abandonando un futuro lleno de decisiones personales a favor de complacer a lo demás.

Repito ¿se nos ha ido o no?

Ambos extremos se complacen en pensar que están haciendo lo mejor por sus hijos. Y me temo que en ambos extremos vuelve a ser el adulto el centro. En ambos bordes nos olvidamos por completo del peque.

Por exceso o por defecto, qué más dará.

O no confiamos en él o le otorgamos características de adulto.

Y me temo que tan malo es pensar que el peque no sabrá hacer amigos como no ofrecerle opinión y guía adulta si es menester.

 

En el fondo es mucho más sencillo. Más natural, más instintivo, más humano.

Me gustan los estilos de crianza y pedagogías que abogan por los términos medios. Que dan por hecho que los minis son maestros de su propia vida pero que necesitan nuestro apoyo, nuestro consuelo y nuestra, porqué no, experiencia vital.

Me gustan las familias que dejan hacer a sus hijos pero que también les acompañan de manera activa a través de la participación y del diálogo.

Que les dejan jugar a su ritmo pero les muestran un material si creen que puede interesarles (y se tiran al suelo a jugar con ellos).

Y es que hay que darle voz y valor al instinto.

Ya lo comenzamos a tener claro con la *lactancia o el colecho pero la crianza se nos escapa todavía mientras buscamos fórmulas raras.

Sí. Hay que acudir a calmarles cuando lloran, si caen… Hay que alentarles, escucharles, hablarles. Hay que hacerles partícipes de nuestras inquietudes.  

Si pones cuidado y atención en su vida, en su despertar a la madurez, va a ser muy difícil que falles cuando tu corazón te pida acudir a su búsqueda.

El instinto es eso que nos ha mantenido en este planeta durante muchos miles y que te hace daño, te deja ese resquemor “anti natura” cuando lo niegas, auspiciado por miedos.

 

El término medio es ese lugar donde prefieres jugar con él antes de enviarle a otra clase extraescolar y donde sí, participas y hablas, le das tu opinión y hasta te ríes o enfadas en el proceso.

No se volverá tonto.

Bueno sí, en la pre-adolescencia ;) pero lo hará igualmente y te tocará ser paciente a tutiplén (en breve entrada sobre esa edad).

 

      Besinooooooos

*Uso padres y madres de manera indistinta. Tanto por cuestiones de género como por marear un poco.

*Lactancia y colecho son las opciones más naturales en nuestra especie pero son decisión personal de cada familia. Dar el bibe no hace a nadie mala madre. Quede esto requeteclaro.