Problemas de Aprendizaje. Orientación, Divulgación y Formación.

Cuando tu trabajo es hablar y pretendes cobrar por ello

13.09.2016 15:23

Es algo a lo que das muchas vueltas cuando comienzan a pedirte charlas y se convierte en una más de tus funciones.

Y es un tema candente.

En las redes sociales no dejas de ver carteles con la frase “no cobro por lo que hago, cobro por lo que sé”.

Es una situación especialmente sangrante con las profesiones liberales: artistas de todo tipo, artesanos, diseñadores, fotógrafos, y desde luego todo aquel que se dedique a la divulgación a través de charlas, conferencias y talleres.

Este último es el caso que hoy ampliaremos.

 

¿Cuál es el lío?

Creo que es importante no cobrar un euro de más pero tampoco de menos. Es verdad que si te vendes barato estás dejando de ganar lo que mereces y sin duda, no pasarte y cobrarte de más es igualmente importante.

Calcular de un modo eficiente y justo lo que cobrar/pagar por este servicio acarrea noches sin dormir y cálculos pitagorinos.

Al fin y al cabo, ¿Qué es una charla o conferencia?

A mi manera de entender es como tener una sesión de apoyo, como una cita de trabajo pero con mucha gente a la vez.

De ese encuentro pueden salir beneficiadas 100 personas además de la institución o centro que la haya solicitado.

Creer que tan solo se trata de “llegar y hablar” al más puro estilo vine, vidi, vinci, es no tener ni idea, me da igual el tema, sea educación, deporte, dibujo, arquitectura….

 

No todos valen.

Para comenzar, no todo el mundo puede dar charlas.

Y no es tanto una cuestión de conocimientos sino de placer, de ganas y de nervios.

Puede encantarte darlas sin ser por ello la mayor experta en el tema en cuestión pero haciendo que merezca la pena acudir porque consigues que lo que cuentes llegue bien a quien escucha.

Todos hemos tenido profesores maravillosos pero que, en cambio, eran un caos cuando explicaban. Pues es lo mismo.

Para sentarte delante de 100 personas y hablar, y contar, y mostrar, hay que tener ganas y valer para ello.

Abstenerse nerviosos, inseguros y divagadores.

Por supuesto, ni menciono a los que no quieran currarse una buena presentación o carezcan de conocimientos profundos del tema.

La preparación

Prepararlas lleva tiempo. Mucho.

Alguna gente piensa que es hacer un power point en media hora más el “ratito” para soltarlo todo al público y ¡ays! ¡Dista mucho de la realidad!

Para llegar a poder ofrecer esa charla hay mucho tiempo y esfuerzo invertido.

Básicamente por dos razones:

1. Crearla

Montarla puede ser un verdadero dolor de cabeza.

Se hace, se rehace y se vuelven a cambiar mil cosas hasta el mismo día en que se imparte.  Nunca parece lo suficiente buena porque lo que se busca es que sea la mejor.

Es tener claro lo que se quiere incluir y desechar,  seleccionando no solo lo más importante sino lo que se estima que el público podrá valorar y usar más en su beneficio.

Es poder aglutinarlo todo tratando de ser ameno para no aburrir a las piedras.

Es seleccionar, dentro de todas tus fuentes, con el consiguiente desgaste que eso tiene:  ¿Qué usas de tus estudios, de la experiencia, de las últimas investigaciones, de internet, de los libros….?

Diseñar el material, los apoyos visuales, tecnológicos, etc.

2. Los conocimientos

Las conferencias de calidad tienen, además de un interlocutor ameno, un interlocutor experto.

No olvidemos que hay muchos años de estudios detrás, de exámenes, de cursos, de desplazamientos, de dinerales en libros y formación y sobre todo, de muchas ganas por saber más y poder compartirlo, ya sea en consulta o con público.

Esos años son los que capacitan para poder ofrecer un producto por el que merezca la pena pagar.

Por no hablar de los desplazamientos, el tener que llegar antes para montar, quedarte para desmontar, para dudas… Es un día donde ya no se puede trabajar durante toda esa tarde o mañana, a veces día. Dejas de ganar dinero por tu actividad habitual.

 

Los fontaneros molan

Todo esto no quita para que en más de una y de veinte ocasiones se pueda dar el caso de  “tener conversaciones” (son consultas puras y duras) con madres y padres donde no has cobrado.

Hablo de amigos, conocidos o ni eso que te preguntan cuestiones de tu trabajo y que respondes porque así lo quieres pero que estoy segura que no piden a un fontanero o su mecánico.

Oye, como tú sabes de esto, ¿qué puedo hacer con….?

Desde luego está en nuestra mano contestar o no pero es una pena que las profesiones basadas más en los conocimientos y menos en la praxis tangible sean tan ninguneadas.

Estoy segura de que más de un compañero que se haya negado sutilmente habrá escuchado “Jo, chico, si era tan solo una pregunta”.

 

 

Emolumentos

Las horas que se echan en preparar una conferencia no pueden ser cobradas como tales. Costaría un verdadero dineral pero de ahí a que sea gratis o muy barato hay un largo camino lleno de desconocimiento y un poco de mala baba.

La frasecita “así te darás a conocer”, “es publicidad para ti”, etc. como poco, sobran.

Volviendo al fontanero molón, no creo que nunca le hayan dicho: “arréglame la caldera gratis, verás que publicidad más buena”.

Las charlas, conferencias y talleres, al igual que las demás profesiones liberas SON TRABAJO.

Dudo mucho que los artistas, diseñadores, fotógrafos, etc. pretendan hacerse famosos. Tan solo cobrar justamente por su formación y profesionalidad.

¿Eso quita que alguna vez apetezca participar gratis en un encuentro o colaboración? Claro que no, pero repito, igual que le podría apetecer a nuestro amigo el fontanero.

 

Besiiiiiiiiis

NB: Sí, me he pasado con los cartelitos pero me ha entrado un ataque reinvidicativo muy fuerte y no he querido dejarme fuera ni uno.

Para la siguiente entrada prometo portarme mejor. O no.

 

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